Además de Fado

Consejos sobnre viaje a Coimbra

Viaje en autocar a Coimbra

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Brincadeira Festa

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¡Hola amigos!

Siento tener que pediros, tan cercano el comienzo de año, que intentéis planificar finales de Junio....pero no queda otro remedio!

Antes del día 10 de Marzo tenemos que tener inscritos en Viajes Mariano un grupo razonable de personas interesadas en hacer el Viaje a Coimbra. Si para esa fecha no las tenemos, nos veremos obligados a cancelar el viaje.

Os recuerdo que el viaje sería para el puente de San Pedro. Se saldría de Gijón la madrugada del Viernes 29 de Junio y volveríamos el Domingo 1 de Julio.

El precio son 130 €, (140 € para los no socios).

Este incluye autocar hasta Coimbra, viaje el Sábado a Pombal y regreso el Domingo, pasando por Guarda, a casa.

Dos noches de alojamiento y desayuno en el Hotel Bragança.

Tenemos organizada una cena de Fado (O balada de Coimbra) en "A Capella" para la noche del sábado, os agrego un archivo jpg con el menú y el precio.

También se está intentando organizar una comida en Guarda el domingo de regreso, pero aún no tenemos nada cerrado.

Os pediría que, si estáis interesados, paséis lo antes posible por Viajes Mariano (Avda. Portugal 34 , Gijón) a apuntaros....Hay que poner un depósito de 20 € por persona.

(Ese importe es el que tenemos que enviar al Hotel el día 10 de Marzo)

Reenviar esta información a vuestros amigos, si creéis les puede interesar.

Un saludo

Ovidio Nieto


RESTAURANTE PORTUGUES

Nuevo restaurante de comida portuguesa en Oviedo Aconsejado. Indicar y presentar el carnet de asociado y tendras atenciones personales.


El Fado desde Lisboa a la vida

Angel Garcia Prieto, miembro de nuestra socicion y escritor sobre temas de Portugal, nos presenta la 1ª parte de su libro... El Fado desde Lisboa a la vida


El Fado desde Lisboa a la vida

1ª parte del libro EL FADO, DESDE LISBOA A LA VIDA

(DG Ediçoes. Linda-a-Velha, Portugal, 2007)

Autor: Ángel García Prieto

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El fado, una canción del alma

“O fado é tudo o que eu digo

Mais o que não sei dízer”

(Anibal Nazaré, en “Tudo isto é fado”).

Como todas aquellas cosas que están firmemente ancladas en la raíces de un pueblo, el fado no es una cuestión fácil de definir; lo mismo sucede con el flamenco, el tango, y otros tipos de canciones que resumen la idiosincrasia de una colectividad. Los estudiosos lanzan todo tipo de teorías, a veces contradictorias; sobre el fado circulan muchas hipótesis, y aunque todas se acercan a su esencia, ninguna consigue, menos mal, atrapar en una definición un fenómeno que se escapa por todos los lados. En lo que existe acuerdo es que en el fado hay un algo místico y etéreo que atraviesa el alma y dota a la colectividad de unos sentimientos supranacionales. En su configuración no hay que analizar sólo el contenido de las palabras -aún siendo esenciales, pues en definitiva el fado es sobre todo poesía- si no también la melodía, los tonos, el vibrato (gemido), los gestos, la indumentaria, que sirven a las palabras para realzar los sentimientos que transmiten. Todo en el fado canta, llora o ríe; todos los ingredientes expresan amor o celos, añoranza o felicidad, luto o fiesta, soledad o esperanza… Su nombre remite de manera irremisible al fatum latino, ese ineludible destino programado por los deseos de los dioses. La gran fadista Amália Rodrigues, figura máxima del fado contemporáneo, decía acertadamente que el fado “es un estado del espíritu” y –por traer también una cita poética- una letra popular canta:

“Quando Deus formou as rosas,

no Paraíso encantado,

caiou uma, desfolhou-se

e dela nasceu o Fado”

El fado, que como se verá tiene una presencia inicial en los ambiente de marginación de barrios bajos, está marcado inicialmente por el destino fatal, como puede desprenderse de esta letra clásica, muy conocida e inmortalizada por Amália Rodrigues. Corresponde al fado “Tudo isto é fado”, de Aníbal Nazaré, con música de Fernando Carvalho, que fue interpretado por primera vez en la “revista Feira da Avenida”, por Irene Isidro, en 1949:

“Preguntaste-me outro dia

se eu sabia o que era o fado

Disse-te que eu não sabia

Tu ficaste admirado.

Sem saber o que dizia

eu menti naquela hora,

disse-te que não sabia

mas vou-te dizer agora.

Almas vencidas,

noites perdidas,

sombras bizarras.

Na Mouraria

canta um rufia,

choram guitarras.

Amor, ciume,

cinzas e lume,

dor e pecado.

Tudo isto existe,

tudo isto é triste,

tudo isto é fado.

Se queres ser meu senhor

e teres-me sempre a teu lado,

não me fales só de amor,

fala-me também do fado

O fado é meu castigo,

Só nasceu para me perder.

O fado é tudo o que eu digo,

mais o que no sei dizer.”

Pero el fado, que está vivo, evoluciona en su contexto social, en la manera de ser interpretado, en las vivencias que expresa y en consecuencia en su repertorio. Por eso se pueden encontrar fados “alegres”, con músicas vivas y letras llenas de contenidos optimistas y esperanzados, en otras ocasiones son simplemente descriptivos de

situaciones diversas, o pregonan la fiesta, o exaltan la belleza y las esencias de la tierra y la raza…En definitiva, la vida. Por eso se puede encontrar, sin dificultad, el ejemplo de otro fado que se distancia de aquel fatalismo inicial. Es el fado “Recusa” que canta Mariza en su CD “Trasparente” y corresponde a unos versos de Mario Rainho con la música de José Magala:

“Se ser fadista é ser lua

é perder o sol de vista

ser estatua que se insinua

então eu não sou fadista.

Se ser fadista é ser triste

é ser lágrima prevista.

Se por magoa o fado existe

Então eu não sou fadista.

Se ser fadista, no fundo

uma palabra trocista

roçando as bocas do mundo

entãão eu no sou fadista.

Mas se é partir á conquista

de tanto verso ignorado

então eu não sou fadista

eu sou mesmo o propio fado.”

Un origen nebuloso

Sobre su origen hay bastantes teorías, todas válidas. Unos afirman que el fado surge de la influencia de la música árabe tras los cuatro siglos de presencia en Lisboa. Otros –como el escritor Mário de Andrade– piensan que el fado llegó a Portugal desde Brasil, sería la sucesiva transformación de un canto angoleño típico de los esclavos -el lundum-, que en Cabo Verde se convirtió en la morna. Hacia 1820 hay descripciones de aquel país sudamericano en las que aparece el fado como una danza, un “baile de negros”, con los adjetivos de “inmoral” y “voluptuoso”; pero también de “encantador, enérgico, elegante, airoso y fascinante”. Hay quien piensa que el fado es de origen árabe, una herencia de cuatro siglos de herencia musulmana en Lisboa. Otras teorías lo emparentan con los cantos de tradición rural de la región del Miño y con los cantos de trovadores de la Edad Media. Una de las versiones que más se manejan dice que procede de los cantos de los navegantes portugueses, desperdigados por todo el mundo, que cargaban con su dolorida saudade. Palabra clave del alma portuguesa, que también tiene un significado ambiguo; José Hermano Saraiva la define como “un dolor de la ausencia y una prolongación de la presencia”; para Camané, joven pero consolidado fadista, la saudade es “un modo de vivir la ausencia, sabiendo que pasará”.

En fin, la “tesis árabe”, la “tesis trovadoresca” y la “tesis marítima” no son fáciles de engarzar, a primera vista, con la realidad de que en 1840 se cantara en una creación que denominaban fado y que para otros nace en Lisboa y está sólo muy vagamente emparentado con las músicas de moda en la época, como eran la modinha y el fandango de origen español. Quizá la tesis ecléctica de Rodney Gallop sea la más práctica para avanzar en el conocimiento y en la sintonía de esta música que la describe como la “síntesis, estilizada por siglos de lenta evolución, de todas las influencias que afectaron al pueblo de Lisboa”. Pero en cualquier caso siempre cabe dejar que los poetas se enfrenten a los trabajos de historiografía, como hace José Regio con su “Fado Portugués”:

“O fado nasceu um dia

en que o vento mal bulia

e o ceu o mar prolongava,

na murada de um veleiro,

no peito de um marinheiro

que estando triste cantava (…)”

Quizá, citando una idea del estudioso del fado Rui Veira Nery, venga bien tener en cuenta el uso de la dicotomía que el idioma brasileño hace entre "historia" y "estoria", atribuyendo a este segundo término la definición de " narrativa en prosa o en verso, ficticia o no, con el objetivo de divertir y/o instruir al lector". Pues lo cierto de esas “estorias” es que a comienzos del siglo XIX ya tenemos constancia de la existencia del fado, localizado sobre todo en la ciudad de Lisboa – su identidad urbana será una constante - y en algunas regiones del sur de Portugal. También aparece restringido a ambientes populares un tanto marginales.

En aquellos momentos de inicio, en el fado se asocia el canto al baile. “El fado tiene dos tipos de danza: bater o fado e a dança do fado, propiamente dicha. Bater o fado es un baile o movimiento especial en que participan dos personas o tres: una que está quieta (o dos, en ocasiones) y lo más firme posible y otra que bate, dando regularmente empujones con la parte inferior de los muslos en las piernas del otro y se mueve con requiebros obscenos” – según escribe Pinto Carvalho en su “Historia do fado”, de 1903. No obstante, esta descripción no se corresponde exactamente a la que hace en la novela “El primo Basilio” Camilo Castelo Branco, ni a otra famosa viñeta de caricaturas titulada “O fado da política” del célebre pintor Bordillo Pinheiro, en la que los bailarines aparecen con los brazos al aire doblando las rodillas para golpear con sus piernas las del otro.

La música y las letras de la primera época fadista se basan en unos patrones armónicos de pocas melodías sobre las que los cantantes improvisaban poemas de estrofas idénticas, casi siempre quadras (o cuartetos), con temas sobre el amor; los trabajos y circunstancias de las clases sociales; crónicas populares; muertes de personajes célebres; sucesos que impresionaban a la opinión pública; pasajes bíblicos, religiosos y de la historia de Portugal; exaltaciones de los lugares y costumbres; coplas de contenido procaz; descripciones de ambiente taurino; florilegios de palabras esdrújulas, juegos de palabras; etc. En un tempo musical que variaba entre el andantino al sentimental y que se podrían sintetizar en esta cita de Cesar das Neves Campos, en su “Cancioneiro de músicas populares”, de 1893-98: “El gran número de fados, casi todos variantes unos de otros, que se improvisan todos los días, no son más que una especie de pasacalle, lento, de música característicamente portuguesa: a muchos de los cuales sus autores nunca le aplican letra”.

A principios del siglo XIX surge la mítica figura de La Severa –María Severa Onofriana-, considerada la fadista más popular y la que saca a esta expresión artística de sus hasta entonces estrechos límites. La Severa, hija de una prostituta y prostituta ella misma, había nacido en el castizo barrio lisboeta de Mouraria, en 1820 y se cuenta que murió a los 26 años, apoplética o tísica, con la fama de ser una gran cantante – aunque hay quien afirma que nunca canto fado - en aquellos ambientes marginales. Su dramática historia alimentó desde entonces las letras de los fados, pues hay que tener en cuenta el momento histórico en el que la moda romántica hacía triunfar en toda Europa a personajes parecidos, como “La Dama de las Camelias” de Alejandro Dumas hijo, presente en “La Traviata” de Verdi, o la idolatrada soprano española María Malibrán (1808 – 1836), y otros muchos personajes de ficción novelística que idealizan el estereotipo de la joven artista, de origen marginal, necesariamente maltratada por un destino cruel. Y así, el “Fado da Severa”, de 1850, de autor anónimo, canta su azarosa vida:

“Partiu para ser vencida

deixando a vida

que a fez penar (...)

Deixou um filho idolatrado

que outro afecto igual não tem

chama-se ele o triste fado

que vai ser deste enjeitado

que perdeu o maior bem

o amor de mâe”.

De canto marginal a música universal.

Años después, con la consolidación de la vida en las ciudades, el fado sale de los barrios marginales y se extiende a todo tipo de ambientes y lugares, penetrando incluso en los exquisitos y selectos palacios y en las fiestas de la aristocracia. Del ambiente marinero y bairrista, pasa poco a poco a los ambientes literarios y burgueses. Con los burgueses y nobles que regresan de Brasil a Lisboa después del exilio de la corte tras la invasión napoleónica, el fado va a encontrar su sitio también en los salones más refinados. En este punto influye otra vez la leyenda de La Severa, pues se dice que fue la amante del conde de Vimioso – Don Francisco de Paula Portugal e Castro -, un noble de antiguo título nobiliario, aunque combatiente por la causa liberal en su juventud, hombre populista que, al triunfar la monarquía constitucional, opta por la bohemia y comienza una vida ajetreada. Amante de los toros, los caballos y las fiestas populares, se granjeaba una destacada posición en los ambientes de los barrios, dado su carácter abierto y desenvuelto; y así contribuyó a unir el fado con el ambiente taurino.

Más adelante, en una tercera época, el fado se populariza por completo gracias a los retiros, merenderos en los aledaños de la ciudad que frecuentaban los lisboetas en el buen tiempo, y al teatro de revista, que difunde su estética y su calidad. Con esto se inicia la fase de profesionalización hasta adquirir su prestigio y formalismo actual. De todas maneras, por su pasmosa influencia social, el fado, como les sucedió a otros cantos populares atravesó durante el siglo XX diferentes avatares sociopolíticos, y en la turbulenta época de entresiglos hubo fados con letras sindicalistas, revolucionarias, monárquicas o republicanas... Durante los años del Estado Novo (1926-1974), que coincide con su lanzamiento nacional e internacional y la creación de las casas típicas para las veladas de fado, sufrió una férrea censura de sus letras, lo que indirectamente influyó favorablemente para que se crease un fado más elaborado, que comienza a formar parte de las programaciones radiofónicas y luego – a partir del 50 – de las televisivas. A partir del 1953 comienza a programarse anualmente la Grande Noite do Fado, organizada por la asociación de la prensa en el prestigioso Coliseo dos Recreios, de Lisboa – después se comienza a hacer también en Oporto - con fines sociales y de promoción de los mejores fadistas elegidos entre los barrios lisboetas, para ser calificados inicialmente según la duración de los aplausos del público, aunque más tarde va a basarse en el criterio de un jurado de guitarristas. A la vez se produce una proliferación de grabaciones y comercialización de discos, que sirve para estimular también a músicos y letristas. Se logra en este tiempo - que se podría considerar, quizás, la época de oro del fado - una máxima popularización consolidada, a la vez que se extiende a las comunidades de portugueses emigrados en tantos lugares del mundo y comienza a abrirse un interés en el público internacional, sobre todo, como se verá más adelante, a través de la figura excepcional de Amália Rodrigues. Posteriormente, en la segunda parte de la década de los años setenta, vivió el rechazo por parte de los ideólogos de la Revolução dos Cravos de 1974, que veían en el fado ciertos atavismos reaccionarios del antiguo régimen, hasta que en los años ochenta comenzó un renacimiento que crece hasta la actualidad y será analizado más adelante con cierto detalle.

Catálogo de saudades.

Escribió Fernando Pessoa en 1929 que “el fado no es alegre ni triste”. Depende, porque el “fado es todo lo que acontece cuando se rie o se llora”, según decía Arturo Ribeiro, aunque predominan los fados con una cierta tendencia a lo dramático y parezca como si muchos fados se hubiesen escrito después de momentos de crisis, o bajo la atmósfera de una ruptura. Sus letras hablan mucho del destino, de la esencia del alma portuguesa, de cansancios de todo tipo, de deseos insatisfechos. Aunque no la aborden directamente, la tristeza ronda en muchos de ellos, pues al decir de Amália Rodrigues “ el fado es triste porque es lúcido. Estamos mucho tiempo pensando en cosas tristas y nos habituamos a eso”. Aun en ese caso, se puede combatir la tristeza de la lejanía con el recuerdo de lugares concretos, los barrios de Lisboa, los muelles – cais – del puerto, con el amor por los elementos que forman parte de la vida o con detalles que personifican esos recuerdos, como las canoas y gaviotas – gaivotas -que cruzan el río Tajo, etc. También el fado idealiza los escenarios y retrata momentos concretos.

La presencia del mar y el espíritu de aventura conforma el alma portuguesa: “Hay siempre un Vasco da Gama/ en un marinero portugués”. Pero la lejanía que esto supone se convierte también en una muerte lenta: “Partir es morir un poco/ y el alma, de alguna manera/ muere dentro de nosotros”. El fado alimenta un sentido fatalista, que, sin embargo, entronca con la pureza de los buenos sentimientos: “El dolor de quien parte es demasiado / Es mucho peor que morir”. Todo esto no se entiende, además, sin la presencia, o ausencia, del amor: “Habla de amor / un amor tan grande / que perdí / que me dejó”, o “El tiempo no pasa nunca / cuando te tengo a mi lado”. El fado se convierte así en la mejor manera de viajar por las tuberías del alma: “Cantar es mi verdadero fado / con pena o con amor en el corazón”; “Creo que el fado tiene raza / aunque no fuese creado/ para cantar la desgracia”. En el fondo, se trata de una canción dirigida a un corazón que siente la debilidad de la nostalgia y la fragancia gris de la saudade, que con palabras del poeta Teixeira de Pascoaes - fundador en los principios del s. XX de la corriente literaria denominada saudosismo - es

“Un sentimiento nacido del matrimonio entre el paganismo grecorromano y el cristianismo judaico, que tuvo en nuestra lengua una palabra sin equivalente en otras lenguas. Me refiero a la saudade. Saudade es el deseo de la cosa o la criatura amada, que en dolor se convierte por la ausencia”... Y al final del todo siempre hay esperanza, pues el propio futuro no deja de estar marcado por Dios, por eso canta un fado de João Braga que “bendito sea el destino que tiene Dios para darnos”.

…Y el fado acontece.

En el fado, el cantante solista (fadista) puede ser hombre o mujer y durante su actuación, establece con el auditorio, que suele participar, un íntimo diálogo de palabras, melodías, ritmos, tonos y gestos, después de una breve introducción instrumental. Los imprescindibles silencios sirven de respiro entre dos fases vocales, y son en ocasiones aprovechados por los instrumentos para protagonizar su contracanto o diálogo entre las guitarras y las violas, como el rubato, que son ligeras variaciones del ritmo para dar más sentimiento y flexibilidad a la canción, el trinado, que prolonga una nota con diversas tonalidades, o el glissando, que a partir de una interjección hace un ataque enérgico de la voz para pasar al verso siguiente. Generalmente el fadista se acompaña de una guitarra principal, que marca la melodía. Y siempre tiene que estar presente la viola, e incluso una segunda viola baixo, que definen el acompañamiento y el ritmo y sirven para dar chão, dar el bajo o la pulsación rítmica que permiten al fadista y al guitarrista improvisar o irse hacia melodías más imaginativas.

La guitarra , o guitarra portuguesa, es un instrumento en forma de pera y de fondo plano, con seis pares de cuerdas – tres bordones y tres cuerdas simples, que corresponden a tres octavas y media. Tiene un brazo corto de diecisiete trastes que acaba en un clavijero metálico plano en forma de abanico, al que se le suele añadir una ornamentación en voluta, que en Lisboa suele tener forma de caracol. Se trata de un instrumento que proviene de los salones aristocráticos del Oporto del siglo XVIII, donde llegó de la mano de la colonia británica de la ciudad. Inicialmente esta guitarra era usada sólo en medios nobles y burgueses y se incorpora al fado – y a otras músicas portuguesas regionales - cuando su uso ya se había popularizado, en el s. XIX, pues hasta entonces el fado se acompañaba de piano. Esta guitarra inglesa derivaba a su vez de otros sistros alemanes e italianos, tenía al principio diez cuerdas y doce trastes, para sufrir una adaptación a las características actuales. Comienza a fabricarse en Portugal por Luis Cardoso Soares, O Sevillano (1790), en Porto; si bien un inglés llamado Simpson, cuando este tipo de guitarras ya entraba en desuso en Gran Bretaña, lo mejoró sustituyendo el clavijero de madera por una placa metálica con tornillos accionados con un mecanismo de relojería, para exportarlos a Portugal. Sobre su origen se han barajado otras opiniones, pues se puede observar, a título de ejemplo, una imagen de un instrumento de cuerda muy similar a la guitarra en la figura de un ángel del pórtico del monasterio de Batalha (s. XV), así como referencias en alguna obra de teatro de Gil Vicente (s. XVI), pero más que de este exacto tipo de guitarras bien podría tratarse de otros instrumentos similares de origen oriental usados en el territorio luso desde la ocupación musulmana y luego difundidos por toda Europa. La viola es un instrumento como la guitarra clásica o española del s. XVIII con seis cuerdas - tres bordones y tres metálicas - y la viola baixo es de mayor tamaño, tiene el brazo más largo y sólo cuatro cuerdas de sonidos graves.

Los fados más antiguos y característicos son los denominados fados castiços, también llamados fados fados, fados classicos o fados tradicionais, que provienen de tres fados anónimos considerados raíces, el fado menor, el fado mouraria (nombre de un barrio lisboeta) y el fado corrido, y de otros casi dos centenares compuestos por diferentes autores consagrados. Son fados para compartir, con la finalidad de expresar con necesidad los sentimientos, que se comunican a los demás. Todos ellos tienen unos elementos fijos tanto el ritmo y la armonía instrumentales como en la estructura poética de la letra, y otros elementos que están completamente abiertos a la improvisación, al cambio y la variación en los tonos y en las líneas melódicas. Carecen de estribillo y las letras imponen su preponderancia sobre la música, que se hace en función del texto. Los fados mouraria y corrido se tocan en tono mayor y en tiempos más rápidos –“andante”, “pasacalles lento”, “andantino: mais animado que o andante. Ligeiro e gracioso” - que el menor, que va en tono menor y con un tempo “sentimental”.

Los fados tienen, desde su origen popular, una amplia diversidad poética, con estrofas de cuatro a nueve versos quadras, qinntilhas, sextilhas...que por lo general tenían siete sílabas – redondilha maior-, pero también once – versículo – o en versificación libre, como el simpático y levemente irónico fado de Alberto Janes “Oiça-la ó senhor Vinho”:

“Oiça-la ó senhor Vinho

Vai responder-me, mas com franqueza

Porque é que tira toda a firmeza

A quem encontra em seu caminho

Lá por beber un copinho a mais

Até pessoas pacatas

Amigo vinho en desalinho

Vossa mercé faz andar de gatas

É mau procedimento e há intenção

Naquilo que faz

Entra-se em desequilíbrio

Não há equilíbrio que seja capaz

As leis da física falham

E a vertical de qualquer lugar

oscila sem se deter

e deixa de ser perpendicular.

Eu já fui responde o Vinho

A folha solta a brincar ao vento

Fui raio de sol, no firmamento

Que trouxe a uva doce carinho

Ainda guardo o calor do sol

E assim eu até dou vida

Aumento o valor seja de quem for

Na boa conta, peso e medida.

E só faço mal a quem

Me julga ninguem, faz pouco de mim

Quem me trata como agua

É ofensa pagua, eu çá sou assim

Vossa mercé tem razão”.

Cada cantante puede estilar los fados de siempre según su personal vivencia, y con frecuencia se pueden oír las mismas músicas con letras diferentes y todo tipo de variaciones sobre una base musical común. Como ejemplo típico se suele citar un fado muy conocido, el “Fado Vitoria”, cuya música fue compuesta por Joaquim Campos y con otra letra, del poeta Pedro Homen de Mello, toma un título distinto, “Povo que lavas no rio”, para conseguir una famosa versión cantada por Amália Rodrigues, que luego pasar a formar parte del repertorio habitual de muchos fadistas.

“Povo que lavas no rio

e talhas com o teu machado

as tábuas do meu caixão.

Pode haver quem te defenda

quem compre o teu chão sagrado

mas a tu vida não.

Fui ter á mesa redonda

bebi em malga que me esconde

o beijo de mão en mão.

Era o vinho que me deste

a água pura, puro agreste

mas a tua vida não.

Aromas de urze e de lama

dormi con eles na cama

tive a misma condição.

Povo, povo, eu te pertenço

deste-meu alturas de incenso,

mas a tua vida não ”.

Lo mismo sucede con otros fados típicos, como por ejemplo el Fado Bailado, de Alfredo Marceneiro, que convirtió Amália Rodrigues en el popular Estranha forma de vida y con tantas otras muchas versiones de los fados Tango, Versículo, Isabel, Alfacinha…

En los teatros de revistas, a finales del siglo XIX, se empieza a hacer otro tipo de fados, los conocidos como fados canção, que respetan siempre una base melódica y mantienen la letra; su finalidad es la exhibición y el espectáculo, tienen copla y estribillo, y la elaboración musical, que es preponderante sobre la letra, es más compleja que en los castiços. En la época del Estado Novo, por imperativos de la censura previa de las letras, se desarrollaron de una manera especial. Entre los fados canção, en la segunda mitad del siglo XX adquieren una significación especial los que, para Amália Rodrigues, hiciera un famoso compositor azoriano de padre francés, Alain Oulman.

Otras formas de fado son el paródico o humorístico -o fado jocoso-, el fado falado, en el que los acordes de guitarra acompañan a una dicción simplemente hablada y el fado à desgarrada, o diálogo improvisado de cantos entre dos fadistas.

Además de letristas populares - se pueden citar algunos más famosos, como Frederico de Brito, Carlos Conde, João Linhares Barbosa,...- han compuesto letras para los fados algunos poetas consagrados en Portugal, como puede ser el ya citado Pedro Homen de Melo, Almeida Garret, Alexandre O’Neill, David Mourão-Ferreira o Ary dos Santos... Son famosos compositores Paulo de Carvalho, Ferrer Trindade, Raul Ferrão, Rui Nery, José Luis Nobre Costa... y Alfredo Marceneiro, quizá el compositor e intérprete más castizo. Entre las fadistas históricas destacan, además de las ya citadas, las ortodoxas y clásicas Maria Teresa de Noronha, Hermínia Silva, Lucilia do Carmo o Argentina Santos. También hay algunos que llegan a destacar por separado, como es el caso de Armandinho -Armando Augusto Freire (1891-1946)-, que forma ya parte de la galería antológica de guitarristas o violistas, junto con José Fontes Rocha, Francisco José Gonçalves de Carvalho –apodado Carvalinho-, Jaime Santos, Carlos Gonçalves Y varios otros... En ocasiones, estos guitarristas interpretan solos, graban discos o protagonizan veladas musicales que se denominan guitarradas. También es muy frecuente que la obertura de un espectáculo de fados sea una guitarrada, o bien que ésta sirva de intermedio, a la vez que el cantante descansa, o incluso que se haga al final del espectáculo. En otras ocasiones es en el curso de algunos fados, donde el cantante hace intervalos más largos que sirven a los guitarristas para lucirse en variaciones de mayor o menor virtuosismo, casi siempre muy bellos.

Una escenografía inconfundible

Las veladas dedicadas al fado, las más genuinas, tienen como escenario las casas típicas, que aparecen en Lisboa en los años treinta del pasado siglo, aunque luego se extienden a otros lugares del país. Se trata de tabernas y restaurantes, profusamente decorados con motivos tradicionales, que disponen de un estrado desde el que se interpretan los fados. Antaño se cantaban sentados y el público los seguía de pie; ahora se han invertido las posturas. También se ha evolucionado en la instrumentación, pues a principios del siglo XX el canto se acompañaba por lo general de piano y mandolinas. Uno de estos primeros establecimientos históricos fue el Retiro da Severa, en el Bairro Alto lisboeta; le siguió la Adega Mesquita y la Adega Machado, casas fundadas en 1938 y 1939.También hay veladas en la mayoría de las fiestas populares, concursos de mayor o menor importancia en la radio o la televisión, en teatros y en salas de centros culturales o recreativos. Entre estas manifestaciones cabe destacar A Grande Noite do Fado, concurso anual en el que representantes fadistas de cada barrio compiten por ser elegidos, en un certamen que dura horas y se celebraba en el Coliseu dos Recreios de Lisboa. Naturalmente, los fados famosos han recorrido multitud de escenarios de todo el mundo en las voces de los principales fadistas: “Ai Mouraría”, “Gaivota”, “Estranha forma de vida”, “Primavera”... son fados ya inmortales que se escribieron para la gran embajadora musical portuguesa, Amália Rodrigues, y se recogen en antologías que son fáciles de encontrar, desde que “Foi Deus” -"Fue Dios (...) me dio a mí esta voz"- se grabara con Rui Valentim de Carvalho en 1952 en los estudios londineses de Abbey Road.

Una manifestación muy popular de la afición y la pasión fadistas lo constituye el denominado fado vadio (literalmente “vagabundo” o “desocupado”, pero en este caso “de aficionados”), veladas espontáneas en tabernas que se anuncian para determinadas horas o días de la semana en las que quienes lo deseen pueden interpretar fados entre un auditorio más o menos asiduo, conocedor y ambientado en el mundo fadista. Suele crearse un clima muy genuino, envolvente, donde la poesía, la música y las vivencias personales se aúnan en torno al fuego casi sagrado del fado.

En la escenografía del fado tuvo mucho que ver un fadista mítico cuyo nombre artístico respondía al oficio de ebanista (marceneiro), que eligió para poder compatibilizarlo con su pasión de cantar. Alfredo Rodrigo “Marceneiro” Duarte (1892-1982) poseía una voz distinta, un estilo arrastrado muy personal, un extraordinario don de gentes, profesionalidad, pasión y dedicación como para pasar a la historia del fado como uno de sus personajes más entrañables. Compensaba su voz no demasiado fuerte con las inflexiones, el pañuelo al cuello, las manos en el bolsillo, la emoción en la cara y la gravedad de sus expresiones interpretativas... Marceneiro comenzó a interpretar de pie los fados y gustaba de cantar en un ambiente de semioscuridad, para concentrar la atención del público. Las mujeres, por su parte, suelen presentarse con chal, abanico, tacones altos, trajes negros u oscuros, la cara alzada y la mirada hacia el cielo... Como podría ser la protagonista del conocido y alegre fado de Joaquim Pimentel y Lionel Villar “A Julia florista”:

Bohemia e fadista

diz a tradição

foi nesta Lisboa

figura de proa

da nossa canção.

Figura bizarra

que a som de guitarra

o fado viveu.

Vendia as flores

mas os seus amores

jamais os vendeu

Ó Julia florista

tua linda história

o tempo marcou

na nossa memoria.

Ó Julia florista

tua voz ecoa

nas noites bairristas

bohêmias, fadistas

da nossa Lisboa.

Chinela no pé

um ar de ralé

no jeito de andar.

Se a Julia passava

Lisboa parava

para ouvir cantar

no ar un pregão

na boca a canção

falando de amores

encostado ao peito

a graça e o jeito

do cesto das flores.

Amália, alma y voz del fado

El 12 de octubre del año 2000 se celebró en el Panteón Nacional portugués un homenaje a la idolatrada Amália Rodrigues, fallecida en 1999. Durante el acto, el Presidente de la República le impuso a título póstumo la insignia de la Grande Cruz da Ordem do Infante D. Enrique. El cortejo con sus restos había abandonado el popular Cementerio dos Prazeres. Al llegar al Panteón Nacional, tras la interpretación del himno nacional, un grupo de conocidos autores y músicos de guitarra y viola hicieron sonar seis fados, comenzando con el más famoso de los que Amália compuso, “Estranha forma de vida”. Aquel del que había comentado. “... ya presentía que había sido Dios quien me tenía marcado el destino, que me dio una naturaleza para la cual nací (...). ¡Nací con esta obligación de cantar fado ¡ “.

Amália Rodrigues (Amália Rebordão da Piedade Rodrigues) nació un día de julio de 1920 en la Rua de Martin Vaz en el barrio da Pena, de Lisboa, en el seno de una familia que procedía de Fundão, en la Beira Baixa, y que retornó a su tierra, para dejar a Amália al cuidado de los abuelos. Durante su infancia y la adolescencia los abuelos pasaron con ella a vivir al barrio de Alcântara y allí, en la escuela, demostró su afición por la lectura, la poesía. Fue una época en que “¡ cantaba todo ¡(...) Tenía unos diez años y ya ponía letras a las músicas (...) Tuve siempre la idea de cómo debían ser cantadas las cosas”. Pero las necesidades familiares obligaban a que a los doce años comenzase a trabajar como bordadora, luego en una fábrica de chocolate y después como vendedora. En 1936 representa a su barrio en el desfile de las Marchas de Lisboa, cantando el “Fado de Alcântara”. No sin oposición familiar frecuenta cada vez más apasionadamente los ambientes fadistas. En 1940 se casa con Francisco da Cruz, mecánico y guitarrista que le acompañó en el referido concurso de fados; el matrimonio sólo duró tres años.

En 1939 había sido contratada para cantar en el “Retiro da Severa”, donde alterna con grandes del fado como Armandinho, Jaime Santos y otros. Luego, tras otra temporada en el Solar da Alegría, es contratada en el Café Luso por la entonces increíble suma de mil escudos por noche de actuación, cuando Alfredo Marceneiro y Filipe Pinto cobraban veinte veces menos. Invitada a participar en la grabación de discos, Fernando de Freitas, Linhares Barbosa y Frederico de Brito le componen fados y a la vez comienza a actuar en operetas, estrenándose en el teatro Maria Vitória en la revista “Ora vai tu”, en 1940. “Lo más importante de mi paso por el teatro, fue haber encontrado al maestro Frederico Valério. En el fado del ‘Retiro’, la música era un soporte de la palabra. Pero para mí, que tenía una voz, aquel fado liso no me llegaba, no me llenaba, necesitaba encontrar otra música”.

En 1943 hace su primer viaje artístico a España, invitada por el embajador portugués; tiene un primer contacto con el flamenco, que luego se va a hacer más concreto a través de su amistad con Lola Flores y la incorporación a su repertorio de esta música. Al año siguiente va a Brasil, donde tiene un rotundo éxito en el casino de Copacabana y comienza una larga y extensa carrera discográfica y cinematográfica, con ocho películas entre 1947 y 1955. La primera de ellas, “Capas negras”, es un acercamiento al fado de Coimbra y constituyó un gran éxito en su país; le siguió “Fado”,”Sol e toiros”,” Vendaval maravilloso”, “Les amants du Tage” – ésta de Henri Verneil, de más calidad que las anteriores pero con menos éxito popular en Portugal -, “Lisboa não séjas francesa”, “Sangue toureiro” y “As ilhas encantadas”. En 1961 se casa con un César Seabra, ingeniero portugués radicado en Brasil, y se anuncia su retiro del mundo del espectáculo, pero al año siguiente regresa a su trabajo artístico, con actuaciones en Edimburgo, Londres, París, Los Ángeles, Nueva York…Los recitales y actuaciones se extienden a ciudades de los cinco continentes y se la acaba conociendo en todo el mundo, convirtiéndose en la embajadora del fado y tantas veces de Portugal. Su estilo es muy propio, para con destacable autenticidad tener el timbre adecuado y usar las pausas, la división de las sílabas, acentuar los silencios, sintonizar con las guitarras con su voz perfecta, fresca y clara. A la que añadía su gran sensibilidad y pasión interpretativa, su especial inteligencia y buen gusto para la poesía y la música, la generosa capacidad de comunicación y una entrega total en los escenarios…: “la suprema alianza entre la voz, las palabras y la música”, dice el escritor David Mourão-Ferreira.

Desde el comienzo de su carrera se encargó personalmente de seleccionar las letras y músicas, que compraba directamente a los autores, aunque, cuando alcanzó más popularidad, encargó fados a los autores más importantes, como los músicos ya citados y los letristas Luis de Macedo y David Mourão-Ferreira. Especial referencia merece el compositor Alain Oulman - (1929 -1990), nacido en las Azores, hijo de judíos de origen francés; hombre de izquierdas comprometido en la crítica al régimen y expulsado del país - que trabajó para ella en los años sesenta. Este autor componía un tipo de fados más modernos, que sin apartarse de la línea clásica superaban los de las décadas anteriores con una poesía más elaborada y culta. Ella misma hizo varias letras que, con música de Carlos Gonçalves y Fontes Rocha, tuvieron y tienen mucho éxito y hoy siguen formando parte con frecuencia del repertorio de muchos fadistas, como son “Grito”, “Lavava no rio lavava”, “Amor de mel, amor de fel”, o el famoso y apasionado “Lágrima”:

“Cheia de penas

cheia de penas me deito

e con mais penas me levanto.

No meu peito

já me ficou no meu peito

este jeito

o jeito de querer tanto.

Desespero

tenho por meu desespero

dentro de mim

dentro de mim o castigo.

Eu não te quero

eu digo que não te quero

e de noite

de noite sonho contigo.

Se considero

que um dia hei-de morrer

no desespero

que tenha de te não ver

estendo o meu xaile

estendo o meu xaile no chão

e deixo-me adormecer

Se eu soubesse

se eu soubesse que morrendo

tu me havias

tu me havias de chorar

por uma lágrima tua

que alegria

me deixaria matar”

Amália, tras la Revolução dos Cravos, sufrió la misma crisis de desprestigio interno que tuvo el fado desde las filas de los radicales de izquierdas; se la tachó injustamente de colaboradora del antiguo régimen, de fadista del orden natural de las cosas. En cualquier caso, superadas unas acusaciones infundadas, el público le rindió un gran homenaje en el “Coliseo dos Recreios” de Lisboa en 1985, y en 1990 el Presidente de la República Portuguesa, el socialista Mario Soares, le impuso la condecoración de la Ordem Militar de Santiago da Espada.

Amália sigue presente en la discografía, con cientos de grabaciones que se reeditan habitualmente; se ha convertido en un mito portugués, sobre el que se realizan espectáculos musicales con su biografía; los grandes y menos grandes fadistas le dedican interpretaciones en sus veladas y es la referencia por antonomasia de todos los artistas del fado. Los que saben poco del fado, cuando oyen cantar a una fadista preguntan: “¿es Amália?”. Amália es el fado, aunque el fado no se acabe en ella.

Alfredo Marceneiro y Maria Teresa de Noronha, otros dos grandes clásicos del fado.

Alfredo Rodrigo Duarte, “Marceneiro” – “ebanista”, eso significa la palabra que le quedó como nombre artístico –, es el que “que viria a ser o Rei indiscutido do fado “ según dice Eduardo Sucena, autoridad en los estudios sobre el fado, Lisboa y lo lisboeta, en su libro “Lisboa, o fado e os fadistas”.

Alfredo Marceneiro (1891 – 1982) nació y murió en el barrio de Santa Isabel de la capital portuguesa, ciudad de la que nunca llegó a salir. Fue un castizo en su vida y en su manera de entender, interpretar y trasmitir, como maestro, el fado a las generaciones que le siguen. En su juventud frecuentó actividades teatrales callejeras que se denominaban cegadas, lo que de alguna manera había de ser decisivo para la posterior interpretación del fado. A la vez toma contacto con el ambiente fadista, para dedicarse de una manera progresiva a la interpretación en sesiones benéficas (veladas sociais), en retiros, hasta que en 1924 gana la medalla de oro en un concurso de fados del Coliseo dos Recreios y es contratado para actuar en el Chiado-Terrase. En 1930 grabó su primer disco con Valentim do Carvalho, para seguir una carrera fadista cada vez más prestigiada en todos los ambientes de Lisboa. Aun así, siguió trabajando en su oficio, pues se sentía un trabajador, un personaje del pueblo, que mientras pudo compaginaba las dos actividades con su vida familiar - se casó con Judite, de quien tuvo tres hijos, alguno de los cuales ha seguido, como también alguno de sus nietos, la trayectoria fadista. En 1948 el Café Luso lo consagra como “el fadista más grande de todos los tiempos” y en 1963, a sus setenta y dos años, la ciudad de Lisboa le dedica una despedida, aunque él continúa frecuentando y cantando en los ambientes fadistas, hasta su muerte en 1982.

De exquisitos sentimientos, mostraba un aspecto cuidadamente rudo, con su figura altanera de rostro alzado. Cantaba de pie - lo que desde entonces se hizo habitual -, con las manos en los bolsillos, arrastrando su voz de discurso irónico, con un cigarrillo siempre colgando de sus labios, pañuelo al cuello y gorra de visera, para recordar hasta el final su esencia de obrero. Purista en las formas artísticas, fue un puente de unión entre el antiguo fado popular quizá todavía no muy estructurado y el que dejó en herencia a las generaciones que le siguen. Fado castiço, que creó e interpretó aun sin conocimientos musicales, haciendo escuela y sirviendo de referente en este género musical. Compuso varios fados, tan buenos como famosos, de los que se han hecho varias versiones posteriores y forma parte habitual de los todos los repertorios y antologías, como el “Fado cravo”, “A casa de Mariquinhas”, “Tricana”, “Há festa na Mouraria”…y el antológico “Fado Bailado”, que llega a tener decenas de letras distintas, entre las que se destaca “Estranha forma de vida” de Amália Rodrigues, pero que en la versión original tiene estos preciosos versos de Enrique Rêgo:

“Á mercê dum vento brando

bailan rosas nos vergéis

e as Marias vão bailando

enquanto vários Manéis

nos harmónios vão tocando

A folhagem ressequida

baila envolvida en poeira

e com a razão perdida

há quem leve a vida inteira

a bailar com a própria vida.

Baila o nome de Jesus

em milhoes de lábios crentres

em bailado que seduz

e as falenas inocentes

bailam à roda da luz

Tudo baila, tudo dança

nosso destino é bailar

e até mesmo a doçe esperanza

dum lindo amor se alcançar

de bailar nunca se cansa”.

Maria Teresa de Noronha es otra figura mítica, pues fue la primera aristócrata dedicada al fado, la más popular y la que mejor cantó el fado hidalgo, el fado noble, por oposición al plebeu o popular. María Teresa do Carmo de Noronha Guimarães Serôdio (Lisboa 1918 - 1993), nacida hidalga por ser descendiente de la estirpe brasileña del título de Paraty, se casa con el conde de Sabrosa y pasa a ser una respetada y afamada noble que además interpretaba fados. Con un estilo muy distinguido y elegante, al que acompañaba su voz bien timbrada y la acertada elección del repertorio de músicas y letras, llega tras muchos años de dedicación a ser considerada la Gran Dama do Fado y pasar a la historia portuguesa de este género musical y poético como una de las figuras más representativas.

Su tío abuelo, cantante y tocador de guitarra, conocido como “Baté” entre los íntimos, fue el antecedente familiar; pero su marido, el conde José Antonio Barbosa de Guimarães Serôdio, también era un notable guitarrista y aficionado al fado, que escribió algunas letras y músicas para el repertorio de su mujer. Por todas estas razones comienza a cantar en círculos de amistades, y llega a grabar su primer disco en 1939, con el título de “O Fado dos Cinco Estilos”. A la vez se inaugura un espacio en la Emissora Nacional de Radiodifusão, en el que durante 23 años consecutivos - sólo interrumpidos por alguna temporada impuesta por la maternidad - tras una guitarrada introductoria, María Teresa de Noronha canta cuatro fados cada semana.

Aunque su dedicación a esta canción no estaba marcada por razones mercantilistas, sí que actuó, además de en reuniones sociales y familiares, en teatros, galas y otras fiestas que tenían finalidad altruista. A través de embajadas de estado, cantó con notable éxito en Barcelona, Madrid, Londres o Mónaco. Grabó discos en varias ocasiones, desde 1946 hasta el final de su carrera musical en 1973. Muchas veces promovió espectáculos de fado que ayudasen a necesitados; hasta llegar a fundar una institución de ayuda social denominada el Aposento do Barrete Verde, en la villa ribatejana de Alcochete, donde tenía raíces familiares.

Su estilo marcado por la elegancia, se mantuvo siempre dentro del repertorio de fados clásicos, escogiendo letras adecuadas a su nota distintiva, alguna de las cuales escribió ella misma, como el célebre “Corrido Antigo” (con música del fado Corrido) o “Fado das horas”. Aunque sea considerada una fadista hidalga, nunca cantó letras de tradición taurina muchas veces ligadas al tradicionalismo monárquico, ni lo que se llegó calificar “fado aristocrático”, de tendencia política nostálgica. Sus temas poéticos tienen un acento intimista, giran en torno a las dificultades y fatalidades del destino en el amor y también la devoción religiosa cristiana, como este titulado “Quatro versos”, de música popular y una letra muy piadosa de M. Barrios:

“A cuadra que tenho visto

que maior amor traduz

foi escrita por Jesus Cristo

nos quatro braços da cruz.

Há quatro versos soamente

que esse poeta divino

escreveu com sangue o seu hino

o hino de toda gente.

É um prodigio de amor

o poema que traduz

a ternura de Jesús

com o pobre pecador.

Versos de sangue e de luz

que os poetas cantaram

escreveu para nos salvar

nos quatro braços da cruz”.

El fado de Coimbra y el fado en otros lugares.

A mediados del s. XIX comienza a crearse en la universitaria ciudad de Coimbra un ambiente fadista, que con el tiempo ha de llegar a adquirir unas características muy propias hasta consolidarse en un género diferente al fado lisboeta.

Los estudiantes venidos de los lugares de influencia de Lisboa van trayendo los gustos y costumbres que ya formaban parte del ambiente fadista y lo van incorporando a la vida universitaria, que también cala en las costumbres de otros sectores sociales de la ciudad de Coimbra. De esta época inicial es la figura señera del fado de Coimbra, Augusto Hilario da Costa Alvares, aunque unas décadas antes ya José Antonio dos Santos Dória (1824 – 1869) había contribuido a la consolidación del fado en la ciudad del Mondego.

El tradicional y famoso “Fado Hilario” es la seña de referencia de Augusto Hilario da Costa Alvares, nacido en Viseu en 1864. Estudiante de medicina de vida bohemia, artista aficionado de teatro y poeta, llegó a la celebridad y al fervor de la gente, para cantar también fuera de Coimbra y grabar – en cilindros de cera, según la técnica de la época – algunas de sus interpretaciones. Falleció prematuramente, a los 32 años, como consecuencia de una enfermedad suprarrenal crónica. Otras figuras destacables, de una época posterior, entre 1920 y 1930, considerada la “década de oro” del fado de Coimbra, son Antonio Paulo Menano (1895 – 1969), médico, autor del también famoso “Fado da Sé Velha”; Edmundo Bettencourt (1899 – 1940), de la Isla de Madeira, estudiante de Derecho en Coimbra, poeta vinculado al famoso grupo Presença, así como Francisco Menano, Flávio Rodriguez da Silva...

En las baladas de Coimbra las figuras femeninas son diferentes a las de las letras de los fados lisboetas, entre otras cosas porque los temas poéticos y la naturaleza que se consolida en este canto es de la serenata, para la exaltación del amor romántico, la canción para cortejar a la dama, en nocturnos o serenatas. A este respecto, merece la pena citar a Rodney Gallop, que escribió: “Compárese y contrástese el ritmo flexible más rudo del fadista de Alfama con el timbre sonoro y el estilo ligado del estudiante de las orillas del Mondego. La fórmula técnica de la música es la misma en los dos casos. Pero mientras que el Lisboa cantan el fado los que enfrentaron a la vida y fueron derrotados, en Coimbra lo cantan aquellos que hacia ella se encaminan, llenos de juveniles aspiraciones e ilusiones. A pie de tierra en el primer caso, en el segundo es refinada y sobrespiritualizada la expresión de un sentimiento romántico, libre de cualquier consideración material”. Se trata de un fado de tenores o barítonos, influido por el bel canto italiano, con sintonías muy elaboradas y acompañamiento de guitarras – que tienen pequeñas diferencias con la guitarra portuguesa en la forma y el cordaje – más ricos. En ocasiones también influidos por músicas regionales, como el fado vira, que tiene aires de un baile rural del norte portugués.

Como ejemplo puede citarse el “Fado Serenata”, de Augusto Hilario:

“Foge Lua, envergonhada

Retira-te lá do ceu

Que o olhar da minha amada

Tem mais brilho do que o teu.

Tem o brilho das estrelas

O fulgor dos arrebóis;

Quem me dera com dois beijos

Apagar tam lindos sóis (...)

Eu queria ser como a hera

Pela parede subir

Para chegar à janela

Do teu cuarto de dormir (...)

Olhos verdes cor d’esp’rança

Inconstantes, cor do mar;

Se tens amor à criança

Sou criança por te amar (...)”.

Se habla también del Fado de Oporto, pero más que como un género variante como peculiaridad comercial que marca el afán productivo de la gran capital del norte portugués. Allí se desarrolló el fado grabado y comercializado, porque la industria del gramófono estaba más presente que en Lisboa en sus primeras épocas y también por eso su difusión popular alcanzó en poco tiempo una mayor extensión. Esto suponía la frecuencia de concursos en casas de fados, que anualmente – como también ocurrió en Lisboa – convergían en la Grande Noite do Fado, con la concurrencia de los mejores fadistas de todo el país. Sin embargo no se llegó a desarrollar un estilo distinto y Porto tiene fadistas que hacen tanto el fado lisboeta como el de Coimbra. No obstante, en los años veinte del siglo pasado algunos intérpretes pusieron en su repertorio letras con referencias locales y hoy existe un acompañamiento tradicional, denominado fado menor de Porto, que está arraigado en esa tradición fadista.

En el Ribatejo el fado tiene también alguna característica que le distingue del lisboeta. En su origen, se habla de un fado de Ribatejo que era una derivación de la chula, un tipo de canción popular, originario del noroeste de Portugal, para cantar “al desafio” y para la danza. Pero ahora quizá no se pueda hablar con propiedad tanto del fado “de” Ribatejo como del fado “en” Ribatejo, ya que musicalmente no se distingue del fado lisboeta, aunque las letras puedan cambiar. En esta castiza región portuguesa hay una gran afición fadista, manifestada tanto en el protagonismo que adquiere en las fiestas populares, como en la proliferación de intérpretes y lugares que a lo largo de los pueblos, villas y ciudades de los dos márgenes del Tejo viven con pasión el ambiente fadistice, como en Vila Franca de Xira, Montijo, Alcochete, Benavente, Alpiarça... Una región agrícola y ganadera, donde los toros bravos y los caballos son el centro de una actividad económica, cultural y folklórica muy distintiva y marcada. Por eso en Ribatejo las letras de los fados abandonan muchas veces los versos de contenido desgarrado, la lamentación, las pérdidas o los amores imposibles, para cambiar las letras a contenidos festivos, de alegría popular, de jarana y fiesta. Otras veces son cantos de exaltación de la tierra o del carácter ribatejano y, como no, del caballo y los toros. Fados poblados de imágenes del campino – ganaderos a caballo cuidando a los toros, en las extensas praderas bañadas por el río, de la comarca de lezíria -, el colete encarnado – el chaleco rojo - que, junto con el tocado a la cabeza del barrete verde, configuran el distintivo ribatejano popular y castizo.

Un ejemplo muy expresivo de fado en Ribatejo se ve en “Vamos a Ribatejo”, un fado que canta Milú, en un CD titulado “Vila Franca (de Xira) a cantar”. Tiene letra de Clemente Perira y la música es de un fado clásico de Lisboa de José Marqués:

“Anda daí vem comigo

dar abrigo ao fado antigo

satisfaz o meu desejo

e traz a tua guitarra

a Samarra porque a farra

é hoje no Ribatejo.

Vamos ao amanecer

quero ter esse prazer

ver altivo na montanha

o Campino tão valente

que na frente velozmente

a conducir a manada

Vamos também à corrida

Que ela é tida prometida

como sendo das mais raras

porque a minha alma delira

e admira um ferro à tira

e a boa pega de caras

Antes da noite findar

a cantar hei-de provar

a alguém dirá con certeza

festas de Toiros sem fado

tem agrado e dá o seu brado

mas não é bem Portuguesa”.

Los nuevos fadistas

La intrínseca versatilidad del fado abre nuevos caminos, evoluciona, gana adeptos y sigue adelante como expresión de un sentimiento muy portugués, pero también muy universal, como acertadamente expresó la propia Amália al comentar su fado Estranha forma de vida en el periódico francés Le Monde; dice Amália que ella había adoptado el fado “por una lúcida constatación del poder absoluto del destino, del ineludible recorrido que es una vida. Del nacimiento a la muerte me abandoné por complemento al destino. Nunca he forzado nada, me he pasado la vida entera sentada esperando que fuera llegando mi vida. Mi destino ha sido feliz, extraordinario, pero si hubiese sido lo contrario, lo habría aceptado igual”. Curiosamente, esta actitud vital de aceptación del destino fue interpretada por los partidarios de la Revolução dos Cravos como un apoyo implícito al régimen anterior, y por eso el fado socialmente fue sustituido por la trova contestataria y otras formas de música revolucionaria. Afortunadamente, el paso del tiempo ha despolitizado el fado. Precisamente Carlos do Carmo, hijo de otra fadista muy conocida, Lucília do Carmo, contribuyó, desde su postura erda política, a reconocer el alcance abierto del fado, que “no está vinculado a ninguna ideología; es ante todo un canto popular, tradicional, lo suficientemente ecléctico como para que cada uno pueda expresar con él toda su sensibilidad. Y es esta diversidad lo que constituye su riqueza”.

Ahora conviven fadistas clásicos, como el citado Carlos do Carmo y la estilista Beatriz da Conceiçao – por citar como ejemplo a dos interpretes magníficos, con un estilo muy personal - y otras voces nuevas que, partiendo del fado, lo renuevan en sus interpretaciones, como Mísia, Cristina Branco, Camané, Kátia Guerreiro, Ana Sofia Varela... También cantan fados la internacional Dulce Pontes y otros artistas que no se deben considerar fadistas en el estricto sentido del término, ya que interpretan también y preferentemente otro tipo de músicas. En este sentido no está de más alertar que, cada vez con más frecuencia, se ven anuncios y títulos de “fado” en espectáculos y discos que no son de fado, sino baladas cantadas en portugués. Y no hay que confundirlas.

Una de las manifestaciones del fado actual es su extensión internacional , con muchos aficionados en Francia, Alemania, Estados Unidos, Japón, los países escandinavos... Además, el fado siempre consigue no dejarse encorsetar en los tradicionales límites del casticismo, y frecuentemente, ofrece versiones con acompañamiento orquestal que facilitan el acercamiento a públicos no aficionados. Un ejemplo de esta vitalidad, que supera el espacio y el tiempo, es la fadista Mariza, tan joven como excelente, a quien algunos consideran la heredera de Amália. Mariza interpreta con estilo y calidad todas las versiones tradicionales del fado, pero también le gusta innovar y no se resigna a ser sólo la sombra de Amália, pues recurre al acompañamiento de otros instrumentos, como el contrabajo o la percusión, para ofrecer un estilo más personal...

“El fado, al menos en sus expresiones más significativas – como es el caso de Amália Rodrigues – no es que prologue la concepción antigua de la fatalidad, sino que la subvierte. En el imaginario católico, el del fado, la ‘desgracia’, que depende de Dios, no puede ser verdaderamente ‘mala’. Bueno o malo el destino es ante todo ‘nuestro’ destino y por ello, misteriosamente, una especie de elección”, dice, con acierto, Eduardo Lourenço. Quizá por eso se puede esperar que el fado siga cantando tanto los amores perdidos, la desgracia de los celos y la lejanía de la emigración, como la belleza de la mujer, el sentimiento entrañable por la propia tierra, la alegría de la fiesta y tantas otras realidades. En definitiva, todo aquello que continúa conformando los sentimientos, la intimidad y la libertad y los valores del alma portuguesa.


Guimaraes

4. GUIMARÃES, LA CIUDAD-CUNA DE PORTUGALGuimarães es una ciudad recoleta, atractiva, acogedora y rica en monumentos, con pocas decenas de miles de habitantes. Fue declarada por la UNESCO Patrimonio Mundial, pues, además de sus motivos arquitectónicos, urbanísticos y culturales, es la “cidade-berço da nação e da lingua portuguesa” (ciudad-cuna de la nación y la lengua portuguesa), razón que engrandece aun más sus calles, su caserío y sus habitantes. Es también sede de algunas facultades y escuelas superiores de la Universidade do Minho, que tiene su sede principal y rectorado en la ciudad de Braga.Su castillo medieval se sitúa sobre una colina en la que se encuentra también la iglesia románica de São Miguel, lugar donde fue bautizado el primer rey portugués y el Paço dos Duques de Bragança, palacio-fortaleza de estilo francés construido en el s. XV y que es una obligada y atractiva visita, en la que muebles, tapices, pinturas, armas y artesonados muestran la riqueza artística y artesanal de la finura de vida de varios siglos. En el centro de la ciudad, en torno a la popular y bonita plaza do Toural, además de callejear por sus empedradas rúas con numerosos detalles de arquitectura popular, se puede admirar la colegiata gótica de Nossa Senhora da Oliveira; los Paços do Concelho, que es el palacio del ayuntamiento, de estilos gótico y manuelino; el museo Alberto Sampaio, un elegante palacio del s. XVIII que alberga colecciones de orfebrería, pinturas, esculturas de la época antigua y s. XVI, XVII y XVIII y algunos otros templos y palacios. Muy cerca, a través de un funicular que parte de la ciudad o en un corto recorrido por carretera a través de un bosque de pinos y eucaliptos, se llega a Penha, la cima de una montaña en la que existe el santuario de la Virgen con esa misma advocación, un área recreativa y miradores que permiten contemplar un amplio panorama y las perspectivas de la ciudad a sus pies.


Leira, pequeña joya de precioso engaste

Leira, cabeza del distrito de la región histórica de Estremadura, es una pequeña ciudad de apacible vida recogida, en un paisaje verde, entre colinas y con su caserío disperso alrededor del castillo, que se yergue en el promotorio más alto, sobre la confluencia de los ríos Lis y Lena. Es un lugar de paso, en el que se destaca ese castillo-palacio gótico, reconstruido por el rey Dinis, en el siglo XIV, sobre otras construcciones árabes y cristianas varios cientos de años más antiguas, y donde vivió con su mujer, la reina Isabe de Aragón(o de Portugal, para nosotros), luego canonizada santa

DE esta sencilla ciudad, escribió uno de sus más reconocidos cantores, el poeta Acácio de Paiva:"¡Antigua tierra mía! Así te quiero / entre tierras frescas, pequeñita. / Tu Lis saudoso, tu castillo en ruinas, tu aire / de monja, tímido y severo. / Así te represento y te venero(...) / Antigua joya de precioso engaste..."

El panorama desde las almenas de la fortaleza es muy bonito y la propoa contemplación de la sugestiva arquitectura del castillo con los restos de la iglesia interior de Säo Pedro, el pequeño museo de armas medievales de la torre del homenaje, la ermita de Nossa Senhora da Pena (Peña) y el sombreado y florido jardín de acceso, hacen de la visita un rato inolvidable. Hay que añadir, en el conjunto de la fortaleza, el valor de los Paços de D.Dinis e da Rainha Santa, palacio gótico que hoy se utiliza como lugar de encuentros culturales y exposiciones, donde hay una amplia balconada con ocho elegantísimos arcos que le dan al castillo aire y empaque palaciego.

LA ciudad tiene una Sé catedral del siglo XVI y algunas casas nobles en su barrio antguo, que forman parte de las construcciones destacables históricas; junto on el santuario barroco del Senhor dos Milagres, en las cercanías de la ciudad, de magnífica fachada que recuerda a la del palacio-monasterio de Mafra, cercano a Lisboa.


UN MAGNÍFICO LIBRO SOBRE EL PAÍS LUSO

PORTUGAL

autor: Miguel Torga

Ed. Alianza, Madrid, 2005. 150 páginas

Traducción del portugués y notas de Eloísa Álvarez.

Miguel Torga es el pseudónimo de Adolfo Correia da Rocha, nacido en 1907 en S. Martinho de Anta, pequeña aldea de Vila Real, una de las dos capitales distritales de Tras-os-Montes y fallecido en 1995 en Coimbra. Hijo de pobres campesinos, conoció muy de niño un trabajo en Oporto, el seminario de Lamego, la emigración a Brasil, donde trabajó como peón en Minas Gerais, para regresar a Coimbra, ciudad en la que estudia el bachillerato y la carrera de medicina, especializándose y trabajando como otorrinolaringólogo. Tiene una extensa obra literaria, entre la que se puede destacar en español la Antología Poética, Bichos, Piedras labradas, Rúa. Y representa uno de los valores más firmes de la literatura lusa, que llegó a ser propuesto en tres ocasiones - 1960, 1977 y 1994 - para el Nobel; en 1989 le conceden el Premio Camões y en 1991 el Vida Literaria de la Asociación Portuguesa de Escritores. Se puede considerar un clásico del s. XX de ámbito universal.

Portugal, fue escrito en 1950 y mantiene toda la actualidad y brillo, pues no es ni mucho menos un libro de viajes, superficial o limitado a situaciones concretas, sino una reflexión - muy poética en ocasiones – anclada en la historia, las costumbres, el paisaje y el alma colectiva de Portugal. Es una descripción cálida y cariñosa, aunque no carente de crítica y de ironía.

Miguel Torga hace un viaje geográfico, emocional, histórico y sintónico con las perspectivas más humanas del pueblo portugués, para desarrollarlo en capítulos casi siempre coincidentes con las regiones históricas – hoy sustituidas por delimitaciones de interés administrativo y turístico, que no se corresponden a esa historicidad. Comienza en la verde región del Miño, para pasar por Tras-os-Montes, el Duero y Oporto, las Beiras, Estremadura – donde añade pequeños capítulos específicos para las Islas Berlengas y Lisboa -, Ribatejo, el Alentejo y Algarbe. Y allí acaba también con una referencia especial para Sagres, como centro originario de los descubrimientos y desde donde hace una reflexión final muy crítica a algunos aspectos fundamentales de los puntos débiles de la trayectoria histórica y la psicología colectiva lusa.

Anécdotas populares, referencias históricas, análisis literarios o políticos, descripciones paisajísticas y hasta detalles culinarios y artesanales se dan cita, entre pensamientos profundos sobre los aspectos más humanos y una prosa poética de frases ocasionalmente brillantísimas.

En definitiva, una maravilla literaria -traducida y anotada también muy bien - de sintonía con un país rico y magnífico en tantos aspectos.

Ángel García Prieto

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